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Periodista rescata las mil vicisitudes de un guardafaros en el fin del mundo

En 1960, José Rodríguez fue destinado a hacerse cargo del faro Dungeness, justo en la boca oriental del Estrecho de Magallanes. Nacido en Valparaíso, tenía entonces veinte años y había recibido formación naval militar en la Escuela de Especialidades. Todos sus superiores le decían que, si aceptaba la misión de ir a esa región austral, tendría que soportar el clima helado, la nieve, los mares bravísimos y, tal vez lo peor de todo, la soledad, que en definitiva aparecía como el desafío mayor.

Nunca se me presentó el síndrome del aislamiento, pero cuando fui jefe y tuve personas a mi cuidado pude comprobar lo terrible que era para algunos jóvenes. Se angustian, no pueden dormir, quedan inapetentes, se les arruga la piel de la cara y empiezan a encanecer”, cuenta el veterano oficial, ya octogenario y jubilado, en uno de los diálogos que la periodista Patricia Stambuk recoge en su libro El farero del fin del mundo, recién publicado por Catalonia

En el volumen, que tiene 155 páginas e incluye dibujos de paisajes costeros hechos por el mismo guardafaros, la investigadora relata la trayectoria del vigilante, quien pasó más de tres décadas operando distintos faros de la Región de Magallanes.

Tras su temporada iniciática en el ya citado Dungeness, se desempeñó en los faros Bahía Félix, Punta Delgada, Cabo Raper, Fairway y Evangelistas. Y en 1970, ya casado y con tres hijos, cumplió labores por un tiempo en su tierra natal, en el faro Punta Ángeles, emplazado a solo unos metros del vertedero de basura del Gran Valparaíso.

El gran protagonista

En “El farero del fin del mundo”, Patricia Stambuk entrelaza los testimonios de José Rodríguez con las observaciones que ella misma ha hecho en terreno, así como con sus propios recuerdos de comunicadora magallánica. También incluye relatos aportados por familiares y ex compañeros de trabajo del guardafaros.
“El hecho de que este libro sea una obra coral brinda otros contextos, otros puntos de vista y matices. Pero José es el gran protagonista: un suboficial que se muestra como un hombre de gran memoria, conexcelente capacidad expresiva oral, sensible, resuelto y talentoso”, comenta la autora.

En 2016, se me acercó este norteamericano y me dijo que su suegro tenía muy interesantes historias de su trabajo como farero en la zona austral, pero yo estaba con otros temas, hasta que en 2020, en plena pandemia, me llegó nuevamente un correo de Él. Yo vinculé el encierro obligado en que estábamos con el aislamiento voluntario de los fareros australes. ¿Qué era la soledad para unos y otros? Entonces me propuse entrevistar a José Rodríguez por Zoom”, recuerda Stambuk.

A lo largo de sus años de servicio, Rodríguez salvó personas medio ahogadas, enfrentó empestades, leyó muchas novelas, entabló amistad con los navegantes kawésqar, descubrió siniestras historias del pasado, vivió el golpe militar de 1973 y hasta sufrió una estafa dentro de la Armada. En 1978, además, en los días en que Chile estuvo al borde de la guerra con Argentina, tuvo que permanecer alerta sabiendo que se encontraba en la mismísima zona donde eventualmente se iban a desarrollar las batallas del posible conflicto.

Patricia Stambuk, quien es nativa de Punta Arenas y tiene una extensa trayectoria como cronista, con una bibliografía que incluye diversas obras centradas en historias poco conocidas de los yaganes y los rapanui durante el siglo XX, explica que conoció al guardián naval gracias al yerno de este, un estadounidense llamado Marc Sinclair.