Palabras al recibir la distinción
“Las palabras son semillas milagrosas que germinan a cada momento y en cualquier lugar. Y mientras brotan, adquieren consistencia, se enlazan con otras palabras y finalmente se funden con el aire, van expresando pensamientos y sentimientos interiores, mostrando a la vez, el orden o el desorden que tenemos en nuestras mentes, la simplicidad o la complejidad que nos caracteriza, la humildad o la arrogancia que nos viste, la riqueza o la pobreza de nuestro mundo interior, el lugar de donde somos… o el lugar de donde desearíamos ser. En fin. El evangelista San Juan lo dijo hace muchísimo tiempo: en el principio era el Verbo. He pasado una buena parte de mi vida disfrutando de las palabras ajenas -al escuchar- y de las propias- cuando escribo. Quiero tanto a las palabras, que a veces las regalo; por lo general, a niños y jóvenes cercanos. Si advierto cierto desánimo y falta de alegría en una adolescente, le obsequio la palabra espléndida, porque cuando uno la pronuncia, se dibuja una sonrisa en el rostro con la segunda e, y parece que nos entra ese aire purísimo del austro por la garganta. Si es un niño muy tenso, afligido con las exigencias diarias, le doy una palabra que suelen usar los rapanui: relajado. Si de pronto me siento atrapada en un lugar, en una situación, puedo invocar la palabra horizonte, porque me incita a levantar la vista y ver más allá.“

